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| Nelson Mandela |
Inició su vida en las planicies de la actual provincia de Cabo Oriental, el 18 de julio de 1918 en Umtata. Su hermana, Mabel Timakwe, recuerda que "la vida en casa era dura. No nos faltaba qué comer, pero no teníamos posesiones. Cuando mi padre estaba a punto de morir, le dio sus ropas a mi hermano, para que pudiera ir al colegio".
En 1948, el Partido Nacional ganó las elecciones (en las que sólo los blancos participaban) y comenzó a instalar el sistema de apartheid. Entonces, la segregación racial se hizo norma, una de ellas la Ley de Clasificación Racial, que obligaba a clasificar a toda persona que no fuera de origen europeo, la Ley de Matrimonios mixtos, que prohibía uniones entre personas de razas diferentes y la Ley de Áreas, que forzaba a las personas de determinada raza a vivir en zonas designadas.
Para ese momento, El Congreso Nacional Africano ya había sido formado en 1912 con el objetivo de luchar por los derechos de la población negra. Movimiento al que Mandela se unió en 1942, para dedicarse junto a otros jóvenes como Walter Sisulu y Oliver Tambo a transformar al partido en un movimiento político de masas. Ante la victoria del Partido Nacional en las elecciones del 48, la respuesta del CNA fue clara y directa: convocar la llamada Campaña de Desafío.
Mandela recorrió el país organizando actos de desobediencia civil contra las leyes de segregación racial. Las autoridades presentaron cargos en su contra bajo la Ley de Supresión del Comunismo. Mandela fue sentenciado a prisión.
El juicio fue seguido con atención a nivel internacional. Naciones Unidas había impuesto sanciones contra Sudáfrica y la lucha de resistencia crecía. Mandela desafió abiertamente a la corte. Al cabo del juicio, Mandela fue condenado a prisión de por vida y enviado a la cárcel de alta seguridad de Robben Island, una pequeña isla rocosa castigada por el viento, a unos 15 kms del extremo sur del continente africano, en la que permaneció los siguientes 27 años.
A pesar de ello. En 1955 Mandela escribió la llamada Constitución de la Libertad (Freedom Charter) según la cual "Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella, negros y blancos, y ningún gobierno puede considerarse legítimo si no está basado en la voluntad de todo el pueblo". Tres mil personas asistieron a una marcha para lanzar la Constitución y el gobierno nacionalista denunció el evento como comunista. Un año después arrestó a 156 líderes del movimiento negro a los que acusó de traición.
En prisión, Mandela supo de la masacre de Sharpville a la cual declaró como un punto sin retorno y dijo “pienso que ha llegado la hora de considerar, ante estas experiencias, si los métodos que hemos utilizado hasta ahora son adecuados".
*Testimonio de la masacre de Sharpville: "Desde la estación de policía salían disparos contra la multitud en todas las direcciones. Una mujer que pasó corriendo enfrente mío fue alcanzada en la espalda y cayó a mi lado boca abajo. Un niño corrió hacia ella y la dio vuelta. El orificio en la espalda era pequeño, pero el disparo le había arrancado el pecho".
A pesar de la dureza de las condiciones en Robben Island, las convicciones de Mandela sobre su lucha política lo mantuvieron de pie. Su celda, hoy en día es una atracción turística, Mandela escribió: "En prisión uno está frente a frente con el paso del tiempo. No hay nada más aterrador". Con los líderes del CNA en la cárcel, fueron los niños y jóvenes de los poblados negros lo que mantuvieron viva la lucha contra el apartheid.
En febrero de 1985, el gobierno había ofrecido liberar a Mandela bajo ciertas condiciones, pero este se negó. Para entonces, Mandela llevaba 22 años en prisión y su fama crecía. Cada vez más se transformaba en una espina incómoda para el gobierno sudafricano.
El entonces presidente Pik W. Botha había iniciado conversaciones secretas con Mandela, en las que ofreció liberarlo a cambio de que renunciara públicamente al uso de la violencia. Mandela dejó en claro que no aceptaría el privilegio de la libertad mientras no se debatieran los derechos para la población negra.
En febrero de 1985, Zinzi Mandela desafió abiertamente la ley leyendo una carta enviada por su padre desde la cárcel, ante una eufórica multitud en un estadio de Soweto. El gobierno había ofrecido liberar a Mandela bajo ciertas condiciones, pero este se negó. Para entonces, Mandela llevaba 22 años en prisión y su fama crecía. Cada vez más se transformaba en una espina incómoda para el gobierno sudafricano.
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| Apoyo a Mandela |
Rechazar la oferta de Botha le costó a Mandela otros cinco años de cárcel, durante los cuales la presión para el gobierno sudafricano siguió en aumento, hasta un punto culminante en la década de los 80: decenas de miles de personas se dieron cita en el estadio de Wembley en 1988 para celebrar el cumpleaños número 70 de Mandela y condenar el apartheid. El 2 de febrero de 1990, el ahora presidente F. W. De Klerk anunció la liberación incondicional de Mandela.
Según el historiador Anthony Sampson: "los blancos estaban aterrorizados de que una vez que saliera de la cárcel, Mandela llamara a la mayoría negra a marchar a Pretoria y a desmantelar por la fuerza el gobierno blanco. Pero a medida que comenzaron a tener contactos con él, se dieron cuenta de que era un ser humano increíble, abierto al diálogo, que básicamente les tendía una mano".
Mandela siempre había dejado en claro que el enemigo era la supremacía blanca, no los blancos. En un gesto sorprendente, Mandela decidió organizar un encuentro con Betsie Verwoerd, la viuda de Hendrik Verwoerd, el arquitecto del apartheid. El propio ex presidente Pik W. Botha, uno de los responsables del largo encarcelamiento de Mandela, se percató de que este representaba la única esperanza de una transición pacífica.
El propio ex presidente Pik W. Botha, uno de los responsables del largo encarcelamiento de Mandela, se dio cuenta de que este representaba la única forma de una transición pacífica que ya se veía inevitable.
Botha recuerda: "Mi primer encuentro con Mandela en libertad fue impresionante y nunca olvidaré sus palabras. En ellas no había amargura o sed de venganza, ni una sombra de odio. En ningún momento, durante su alocución, intentó explotar o mencionar el hecho de que había estado 27 años en la cárcel".
Mandela dejó rápidamente en claro que ofrecía un mensaje de reconciliación, pues el enemigo no eran los blancos, sino el regimen de apartheid. El gobierno legalizó el CNA y poco a poco derogó las leyes fundamentales del apartheid. Las tensas negociaciones con el gobierno se prolongaron desde 1990 a 1994, en un marco de creciente violencia entre simpatizantes del CNA y el partido Inkhata, apoyado por las fuerzas de seguridad.
En 1993 De Klerk y Mandela compartieron el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos por instaurar la democracia, pero el país se desangraba. Las luchas entre grupos negros habían cobrado la vida de miles de personas.
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| Mandela entre la gente |
El gobierno se dio cuenta de que Mandela representaba la mejor opción de una transición negociada y finalmente accedió a celebrar comicios multirraciales. El 27 de abril de 1994, Sudáfrica celebró sus primeras elecciones multirraciales. La fecha histórica, conocida como Día de la Libertad y celebrada ahora cada año, fue acompañada con un fervor sin precedentes. Mandela juró como presidente de Sudáfrica el 10 de mayo. En su discurso inaugural, habló del enorme desafío de revertir el legado del apartheid.
Como mandatario, Mandela generó más de una vez controversia, invitando a Fidel Castro y siendo recibido por el presidente de Libia Muammar Gadafi.
Según algunos críticos, Mandela no logró atacar de frente la pobreza endémica de la mayoría, especialmente la escasez crónica de viviendas en los poblados negros. Otros lo criticaron por ser autocrático y albergar en su gobierno a ministros incompetentes y corruptos.
Pero incluso sus críticos reconocen que Mandela sí logró persuadir a las corporaciones multinacionales para seguir invirtiendo y confiando en la Sudáfrica post-apartheid. También le reconocen que a diferencia de otros líderes africanos, no intentó aferrarse al poder. En diciembre de 1997 abandonó la presidencia del CNA a favor de Thabo Mbeki, quien le sucedería como mandatario del país tras los comicios de 1999.
Luego de abandonar el poder, siguió utilizando sus cualidades de líder, ahora en el escenario internacional. En junio de 2004, Mandela anunció su retiro de la vida pública con las palabras: “No me llamen, yo los llamaré”.
Ahora, quizá Nelson Mandela es el prisionero político más famoso del mundo, después de obtener un Premio Nobel de la Paz, y ser el primer presidente negro en la historia de Sudáfrica.
La película Invictus (2009) de producción estadounidense trata de proyectar la personalidad de Nelson Mandela, pero tan sólo como propagador de la paz y de la tolerancia entre negros y blancos, dejando a un lado la importancia de su papel como Presidente en el cambio que se proponía (político, económico y social), y lo que eso conllevó, como el papel de las trasnacionales estadounidenses, en cierta medida, un obstáculo de la recuperación económica de Sudáfrica. Incluso se llega a tomar a la pobreza como un hecho dado e imprescindible a los negros aunado a una proyección violenta de su personalidad.


