| Cartel del apartheid |
Como su pretensión era permanecer en el poder, introdujo en el censo a los blancos del territorio de África Sudoccidental, de lenguas alemana y afrikáans (mezcla de alemán y holandés), de quienes esperaba votarían por el Partido Nacional; al tiempo que eliminó del censo a los mestizos de la provincia de El Cabo, que seguramente votarían por el Partido Unido. Aquí empezaron a notarse las primeras implicaciones del apartheid.
El apartheid como sistema se tradujo en la clasificación y separación de grupos específicos. Existió un matiz intensamente racista por parte de los ideólogos del Partido Nacional, quienes insistieron en la relevancia de la etnicidad, entendiendo la blanca como aquella que debía preservar completamente su pureza.
Para ello, el Estado se dio a la tarea de asignar a todos y cada uno de los habitantes del país a algún grupo nacional de Sudáfrica gracias a la Ley de Registro de la Población de 1950. Esto trajo consecuencias graves, ya que muchos individuos se vieron categorizados de distinta manera que los demás miembros de su familia; tal ruptura implicó que muchos casos fueran a parar a los tribunales donde a veces se les otorgaba una reclasificación.
El desarrollo del apartheid y su desaparición final pueden atribuirse a la pretensión de controlar el número y comportamiento de los africanos en las ciudades y a la resistencia de las víctimas a tal política. El Partido Nacional se presentó a las elecciones de 1948 con la concepción de alcanzar una separación completa entre blancos y africanos, lo cual también provocaría el freno y la inversión del proceso a través del cual Sudáfrica se había convertido en un país económicamente integrado. Por tanto, se necesitaría un largo y difícil proceso para revertir la interdependencia forjada a lo largo de generaciones, sólo la mecanización del trabajo y el mayor uso de mano de obra blanca permitiría finalmente a los blancos prescindir de la mano de obra de las demás razas africanas.
| Violencia racial |
Lo que se consiguió fue una Política de Preferencia para el Empleo Urbano, donde se impidió a los africanos acudir a trabajar en las ciudades hasta que todos los empleos en ellas hubieran sido absorbidos por los blancos. Ésta no fue bien recibida por los patrones, quienes deseaban mano de obra barata no cualificada. Con el fin de poner en marcha esta política se creó una enorme burocracia laboral, encargada de distribuir a los africanos entre las diversas empresas de las urbes o también de controlar y restringir los movimientos de ellos entre distintos lugares.
De la mano de este último punto, se encuentra la Ley de Abolición de Pases y Documentos de 1952, la cual exigía que todos los africanos portaran un libro de referencia, a manera de salvoconducto en el cual aparecí su historia laboral y sus derechos de residencia. Junto con la Enmienda a las Leyes Nativas de ese mismo año, aceptaba la existencia de determinados africanos urbanizados, a ellos se les concedía bajo el Artículo 10 el derecho de residencia permanente en las ciudades, sólo si habían nacido en ella o habían trabajado para el mismo patrón durante 10 años o para varios a lo largo de 15 años. Las mujeres, por su parte, podían adquirir este derecho mediante el matrimonio con un hombre que gozara de éste. Así, contrariamente a sus intenciones, las leyes permitían en la práctica una infiltración continua de africanos en las ciudades.
Entre otras de las leyes, se encontraban la de Prohibición de Matrimonios Mixtos de 1949 y la de Inmoralidad de 1950, la cual básicamente se ocupaba de la inmoralidad de las relaciones heterosexuales que traspasaban la frontera de color.
Y en otro ámbito, surgió la Ley Bantú de Educación de 1953, en la cual la educación de los negros estaba a cargo del Estado y respondía fielmente al apartheid, ya que desde temprana edad preparaba a los africanos para aceptar un rol de subordinación frente a los blancos y las habilidades desarrolladas eran las oportunas para la economía dirigida por éstos.